Desde hace unos días no entro en el blog. Hoy lo hago sabiendo que no estoy sola. Como lo oís. Alguien se ha hecho con mis páginas y ha entrado sigilosamente. No me di cuenta de su rastro hasta hace unos días. Si bien, hace tiempo Marcos Cadenato me advirtió de un enlace sospechoso en mi blogroll. Por entonces, no podía ni imaginar que alguien pudiera estar merodeando por los recovecos ocultos de esta página. Modifiqué la ruta del enlace y listo. Me extrañó muchísimo, pero me despreocupé. ¿Phishing? Así lo creo. Alguien ha obtenido mi contraseña de forma fraudulenta (ahora sé que existen aplicaciones para tales fines). Debe de ser un hacker blanco o bueno, porque ha tenido la posibilidad de echar al traste todas las entradas publicadas en estos tres años, pero no lo ha hecho. (Si lees esto, gracias). Escribo con tiento, porque la memoria me recuerda que otras páginas educativas fueron pasto de hackers despechados (tú no lo eres, ¿verdad?). El Tinglado y el blog de José Cuerva sufrieron ataques que los inhabilitaron durante unos días. Una araña negra aparecía en la página principal. Escribo al dictado de mi conciencia que me dice que, aparte de modificar mi contraseña para salvaguardar mis otros sitios, debo guardar silencio durante unos días. En estos momentos, soy muy vulnerable virtualmente hablando. Da que pensar...


