25 de febrero de 2010

Ya ha pasado un mes...

Aunque parece mentira ya se cumple un mes desde que el 25 de enero lanzamos desde este blog, junto con nuestros compañeros de Blogge@ando y Re(paso) de lengua y Tres Tizasun homenaje a la figura de Miguel Hernández con motivo de la celebración del centenario de su nacimiento.

Antes de nada, queremos dar las gracias a todas las personas que habéis participado en esta iniciativa: a todos los profesores que se han animado a participar en la elaboración de la Antología Poética, que ya cuenta con 50 miembros y 53 poemas grabados; también a entidades como Leer.es, que se han hecho eco de este proyecto; y al profesorado que ha reseñado la iniciativa en sus blogs. Que sepamos, hasta ahora el homenaje ha sido referenciado en los siguientes lugares amigos: 
En cuanto a la parte más importante del homenaje, la participación y el acercamiento de los alumnos y alumnas a la poesía de Miguel Hernández, se han puesto en contacto con nosotros muchos compañeros para comentar su interés por trabajar con sus alumnos y elaborar el GLOG. Sin embargo, algunos nos han hablado también de la sensación de agobio y de prisa que les producía el plazo marcado de forma inicial.
Por ello, y porque aprender requiere su tiempo, os queremos comunicar que se amplía el plazo para la recepción de los trabajos del alumnado hasta el día 23 de abril, coincidiendo con el Día del Libro. 
También quisieramos aprovechar esta entrada para pedir a todos los que tengáis decidido participar con vuestros alumnos en la muestra, que nos hagáis llegar un mensaje a esta dirección homenajemiguelh@gmail.com
Sólo tenéis que indicar vuestro nombre y el de centro. Nada más.

Estamos deseando recibir vuestras aportaciones. Ánimo y a leer poesía.
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21 de febrero de 2010

UN TALLER DE PODCAST MEDIANTE PODCAST

Hace unos días, Elías Fernández (e-via.org) liberó unos tutoriales sobre Wikispaces. En la misma línea, dejo a vuestra disposición estos materiales que elaboré hace ya meses a instancias de Miguel Calvillo, asesor del Centro del Profesorado Luisa Revuelta de Córdoba. De él fue la idea de crear un taller de podcast en el que todas las tareas y los recursos estuvieran en formato podcast o videocast, es decir, que tuvieran como base la palabra. El taller es parte de un curso Preparando la Web 2.0 en clase de Lengua en el que, por razones personales, no he podido actuar de ponente, lo que me ha privado de la oportunidad de compartir cartel con otros blogueros como Elisa ArmasManuel Guerrero y Joaquín Mesa.  

Y, como dice Elías, aquí los tenéis para "uso y ¿disfrute? de la comunidad". 


PODCAST EN EL AULA DE LENGUA Y LITERATURA
PRESENTACIÓN DEL TALLER
¿QUÉ ES UN PODCAST ?
CONTENIDOS

TAREAS
REFLEXIONAR SOBRE LOS PODCASTS EN EL ÁREA DE LENGUA
Los podcasts en el aula, ¿debatimos?
GRABAR CON AUDACITY
GRABAR UN PODCAST
1

Grabación de voz
ALOJAR PODCAST
2

Alojamiento de podcast
AÑADIR PISTAS
3

Unir varias pistas (I)

4

Unir varias pistas (II)
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Nota Bene:
a) El audio de la presentación del taller es deudor del que preparamos Marcos Cadenato y una servidora para el taller de radio de Edublogs 2009, en Getxo.
b) El documento USOS EN EL AULA lo iré actualizando. 

17 de febrero de 2010

De Herta Müller a Raymond Queneau (y viceversa)


Desde que ganara el Nobel, tenía en lista algunos de sus títulos. Herta Müller despertó mi interés enseguida, por ser mujer y por haber sufrido los embates de una dictadura. Lo que no sabía era que iba a sufrir tanto leyendo En tierras bajas. La sordidez del ambiente y la crueldad de los personajes que habitan el paisaje rural de la obra contados por una niña me han causado una desazón interior que no sentía desde que leí La familia de Pascual Duarte. Por entonces, era una jovencita y supe reponerme. Ahora soy adulta y cada vez me cuesta más distanciarme de las historias que leo. No consigo cerrar las páginas de aquellos libros que me han dolido. En tierras bajas ha sido uno de ellos.
Pero no era de esto de lo que quería hablaros, sino de un texto en el que la autora reproduce la rutina de un día laborable invirtiendo el orden las acciones (“Las cinco y media de la mañana. Suena el despertador. Me levanto, me quito el vestido, lo pongo sobre la almohada, me pongo el pijama, voy a la cocina, me meto en la bañera, cojo la toalla […] me como una rebanada de té y me bebo una taza de pan.”).
Lógicamente, su lectura me ha recordado el clásico de Queneau, Ejercicios de estilo, aunque entre las múltiples versiones de la historia del autobús y el incómodo botón no aparece ninguna que cuente la historia empezando por el final (si no me equivoco).
En todo esto estaba pensando, ayer a las 15.30h, en el intermedio de un día laborable con horario de tarde cuando... abrí el portátil, guardé el portatizas, sincronicé la PDA, pasé lista, sonreí y saludé a mis alumnos. Leímos.
No dejaba de llover. Subí tres pisos y salí a la calle.
Aparqué la motocicleta, me enfundé el impermeable, el casco y los guantes.
Seguía lloviznando.
Me tomé una taza de té. Cerré las páginas de la prensa. Reseguí los titulares. Me sacudí las ganas de echar una siestecita. Di una cabezadita. Me dirigí a la ventana. Caía una lluvia ascendente.


Hay días que una quisiera deshacer.
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El sonido de la lluvia (vía Marian) | La vida debería ser al revés (vía Juanmi)
Érase una vez un lobito bueno (José Agustín Goytisolo)

9 de febrero de 2010

En la estela de Joe Brainard

Hace algunos meses hablé del libro de Joe Brainard. Hoy vuelvo sobre el mismo para presentar el resultado de llevar la experiencia de esta lectura a clase. Confieso que ha sido una actividad de esas que surgen sin planificación previa. Es más, diré que fue un recurso para salvar a un grupo que naufraga por todos lados. Son alumnos de una materia optativa de una hora semanal, que llegan a clase de brazos cruzados a la espera de que les haga más llevadera la hora de la siesta (de 15.30h a 16.30h). Son absentistas de pro. 
Un día oí una conversación al vuelo que se iniciaba con "Te acuerdas de...". Evidentemente, lo que intentaba contar una alumna a la otra nada tenía que ver con la clase; sin embargo, me agarré a esa frase y diseñé una sesión en la que recordar estuviera permitido. ¿Lo adivináis, verdad? Llegué a la semana siguiente con una selección de meacuerdos y con la propuesta de que ellos escribieran los suyos y los grabaran. En sus recuerdos juega un papel importante la escuela (Me acuerdo del estrés que pasaba en clase cuando no me sabía la lección), la familia (Me acuerdo de la barriga de mi madre cuando estaba embarazada, de lo enorme que era), especialmente, los abuelos (Me acuerdo de las historias que me contaba mi abuelo). También figuran entre sus temas predilectos, los primeros logros (Me acuerdo de cuando aprendí yo sola a ir en bici | Me acuerdo de mi primer beso), los primeros miedos (Me acuerdo de cuando me quedaba solo en el autobús y tenía miedo) y los gustos. Son la generación de los Teletubbies, Pokemon y El rey León. Mucho mejor que sintetizar es oírlos en un programa que han grabado para la radio escolar. 




Selección

1 de febrero de 2010

Galería de tipos sociales

Los cani están en la Red. Youtube ha despertado su ego y basta con poner esta palabra en el campo de búsqueda para encontrar muchos vídeos en los que aparecen jóvenes que se autoproclaman así. Aprovechando este boom y el hecho de que el tema de las tribus urbanas siempre despierta mucha curiosidad a los adolescentes, se me ocurrió que podía tirar del hilo y proponer una actividad sobre tipos sociales. Además, tenía una columna de  Manuel Vicent (Vacío) en la que el autor habla de un tipo que encaja con el perfil del nuevo cani. Reuní este texto y otros cuatro en una breve antología, en la que el denominador común es la descripción de un modelo (o antimodelo) social. En ella aparecen el idiota, el guardaespaldas y los hikikomori junto a una descripción literaria, extraída de Mararía de Rafael Arozarena. Propuse a los alumnos elaborar una galería de tipos sociales característicos de nuestra sociedad. Di a leer los textos, y cuando llegamos a la descripción de Pedro el Geito de Arozarena, noté en sus caras un amago de admiración ¿Por su plasticidad? ¿Por ser un retrato en el que cada repetición es una pincelada que añade un nuevo matiz? ¿Por el ritmo que le confiere la técnica del estiramiento o expansión de los sintagmas, o los recursos de repetición como la ánafora, el paralelismo y la concatenación? ¿Por ... ? Sea como fuere, unos días después, leyendo sus producciones, me he percatado de que el texto ha calado hondo, pues son muchos los que han recurrido a la imitatio de este modelo literario para presentar a su personaje (el poeta bohemio, el hincha, la prostituta, la niña de papá, el anciano desocupado, el heavy, el rasta, el motero, el friki, los ñetas, los mendigos, los ancianos, los "famosillos"...). 

Os invito a leer el texto de Arozarena
Me habían descrito al hombre. Un hombre bajo, débil, pequeño. Un hombre con ojos de ratón, ojos negros, diminutos como cabezas de alfileres, brillantes bajo unos párpados nerviosos. Un hombre con bigote grande, espeso, de puntas afiladas, puntas señalando al horizonte, como las agujas de la rosa de los vientos. Un hombre en mangas de camisa, con corbata negra, verdosa, pardusca. Los pantalones grises, amarillos, viejos, gastados, con remiendos de telas diversas en los perniles y en el trasero. El sombrero negro arenoso, con manchas de humedad y cinta desflecada. Un hombre con un diente arriba y otro diente abajo. Con manos ásperas, duras, encallecidas, morenas y rojas, con uñas negras, fuertes y largas. Un hombre con un pie descalzo y otro calzado con un zapato descosido, un zapato con varias suelas superpuestas, suelas de goma, de cubiertas de camión. Un hombre viudo, con un hijo. Un hijo alto, muy delgado, con pelo movido y rubial. Un hijo activo, trabajador, nervioso, diligente, con ojos azules con pestañas largas, con brazos largos, con piernas largas. Un hombre que tenía un hijo así. Un hombre que vivía en la calle transversal, en una casa pequeña, enjabelgada, con una puerta verde, con una ventana verde. Un hombre que se llamaba Pedro, que lo llamaban Geito, Pedro el Geito. Un hombre que tenía un camión. Un camión antiguo, un camión Ford. Un camión con bigotes, como él, como Pedro. Un camión lleno de grasa, de tierra, de alambres, de ruidos, de humos, de herrumbre, de clavos de astillas, de escachaduras. Un camión con un motor que tosía, escupía, jadeaba. Un motor agotado, enfermo de nervios, de rabia, de sed. Un motor que nunca terminaba de morir.
Pedro, Pedro el Geito, un hombre solicitado en la isla, a quien siempre había que buscar, que esperar, que pedir, que pagar. Un hombre que transportaba hombres, mujeres, barricas, cabras, chicos, pescado. Un hombre que lo metía todo en el camión y lo llevaba isla adentro, a los pueblos, a Tias, Yaiza, Uga, Haría. Un hombre que regresaba con su camión lleno de sandías, de leche, de garbanzos, de mujeres, de hombres, de niños...
Y este otro de una alumna
Una mujer de la calle
Entonces vi a la mujer. Una mujer de la calle, alta, flaca, bonita. Una mujer con un pelo largo y despeinado, un pelo apagado como una tarde de otoño, un pelo ni liso ni rizado, ni oscuro ni claro flotando con el viento como una mariposa encima de sus hombros fríos. Una mujer con ojos de gata, ojos grandes como pelotas de goma, ojos con restos de lágrimas espesas, ojos verdes, de ese verde oscuro que tienen los árboles cuando llueve, ojos recubiertos de unas pestañas infinitas y puntiagudas, unas pestañas maquilladas y negras. Una mujer con una nariz pequeña, puntiaguda como la espina de una rosa, una nariz desapercibida en un rostro muy pálido y sin expresión alguna. Una mujer de boca diminuta y labios gruesos, labios rojos carmín, labios sensuales y provocativos, labios que dejan ver unos dientes menudos, relucientes como perlas de un collar antiguo, afilados como una hoja de afeitar. Una mujer con una camiseta sin mangas, ajustada, tan negra que se confunde con la penumbra de la noche, una camiseta con un gran escote por el cual se escapan unos voluptuosos pechos. La falda corta, prieta, negra como la camiseta, vieja, deshilachada. Unas piernas delgadas que aparecen por debajo de la falda pequeñita. Una mujer de manos suaves y cuidadosas, con dedos largos y finos como los de un pianista. Una mujer subida a unos tacones altísimos y sucios, unos tacones rotos, de piel gastada que dejan ver la tela de debajo. Una mujer que día a día se levanta con la cabeza alta y sigue adelante con la vida que le ha tocado vivir.
También podéis visitar (y descargar) la antología:

y leer algunas producciones de alumnos: