14 de octubre de 2008

Le llamaban Tacho...

Acabo de leer y releer (me ha atrapado) La sonrisa de Platón, relatos y retratos de la vida escolar de Juan Sánchez Enciso, una antología de cuentos sobre el oficio del docente. Su autor es toda un referencia en el ámbito de la reflexión sobre la enseñanza de la lengua y la literatura. En otras ocasiones nos ha mostrado (con todo el sentido de la palabra) su particular visión sobre el papel de la literatura en la educación secundaria. No obstante, en esta nueva entrega, nos regala situaciones, historias, escenas... de la vida escolar. El libro, que rezuma el olor de la experiencia y de la humanidad de quien lo escribe, es también un documento social. Por él transitan tipos sociales (docentes y discentes) fácilmente reconocibles por sus actitudes (ejemplares unas; reprobables, otras).
La historia de Tacho es una muestra (1)


Un soneto


Se llamaba Anastasio, pero le llamaban Tacho. Era alto y fuerte y eso, unido a la indiferencia supina de su mirada, hacía despertar en sus compañeras de tercero auténticas punzadas de deseo adulto.
Parte esencial de su prestigio era la elegancia con la que ejercía la violencia. Podía romper un brazo, abrir una ceja o pisotear una cabeza sin esfuerzo, como si no fuera con él la cosa.
Con la mayoría de profesores -especialmente profesoras- mantenía una actitud superior y retadora durante toda la hora de clase. Les negaba la existencia, porque no sacaba los materiales y dibujaba sin mirarles. Cuando eso no bastaba para desesperarlos, hacía uso de algún otro recurso de su completísimo repertorio. Las pocas veces que le echaron no se fue sin la escolta del jefe de estudios.
Pero en la optativa "Poesía amorosa" no era la misma persona. Se quedaba embobado con una jarcha, una cantiga de amigo, con su estructura tan tejida, o aquel soneto de Lope de Vega que empieza "Desmayarse, atreverse, estar furioso". Adoraba al profesor Antonio "por cómo hablas, profe, que es que lo clavas", aunque nunca acabó de explicar qué significaba "clavarlo". Él se entendía.
En las clases de taller bordaba zéjeles, romances y villancicos. Se convirtió en un artesano de la lírica tradicional, pero los sonetos eran otra cosa. Por cuenta propia leía ávidamente aquella antología en la que figuraban Garcilaso, Lope, Quevedo y San Juan. Lo intentaba en casa, tal vez entre fechoría y fechoría. Una vez le enseñó al profe Antonio un cuarteto espléndido. Planteaba la fuerza ineludible de un destino aciago: "No sabéis de mi lucha por salvarme", comenzaba, pero no pudo o no supo continuarlo, y no quería ayudas.
Por primavera fue expulsado del centro, después de romper a patadas el retroproyector que utilizaba la profesora de sociales, a la que aborrecía. Se le derivó a otro instituto, pero parece que nunca iba. Se decía que era el líder de una banda de delincuentes que daba palizas a los "pijos" y robaba en colegios privados, como los bandidos justicieros. Toda una leyenda para los más "tirados" del barrio.
Un año después, en las celebraciones de final de curso, en el casal del pueblo, Antonio dedicó al alumnado un soneto de cosecha propia. A la salida se encontró con Tacho. Se abrazaron. Tacho le dijo:
- Todo un soneto, Antonio. ¡Eres el mejor, el puto amo!

(las cursivas y comillas son del autor)

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(1) La transcripción de este texto cuenta con el permiso del propio autor, a quien aprovecho para agradecer públicamente que haya accedido a su publicación.

18 comentarios:

  1. Bonita historia. No sé a vosotros, pero a mí, quienes me saludan con mayor cariño y entusiasmo son aquellos ex-alumnos 'marginales' (en el sentido que la ley llama 'disruptivos'). Quizá sea por haber sido tratados con cariño o, simplemente, por ser escuchados; algo que sólo se alcanza con paciencia y empatía (y que suele chocar con el afán regulador de contenidos de muchas programaciones).

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  2. Me apunto el título del libro. Que bueno novelar lo diario y, si además, lo diario es cercano y cotidiano, pues dos veces bueno.
    ¿Cuándo aprenderemos de estos chicos que se nos escapan entre los dedos como la arena de playa?.
    Saludos

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  3. Ya me está apeteciendo leerlo. Lu, lo “has clavao”.

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  4. Cuando encuentro un libro de Juan Sánchez Enciso lo leo y releo ,el último que he leído es(Con)vivir con la palabra ,lo recomiendo .Mañana iré a la librería encargar este que recomiendas. Es de agradecer que profesores con tan buenas ideas transmitan sus experiencias.Gracias también Lurdes,por publicarlas .Te sigo a diario
    Pilar

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  5. Aunque -para serte sincera- me cuesta imaginar a un tipo tan entusiasmado con la poesía que reaccione con tanta violencia en su vida diaria, me ha gustado la historia. Quizá sea algún prejuicio por mi parte... No sé.

    Gracias, Lu.

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  6. Juan estará contento con vuestros comentarios. Seguro que asoma por aquí y se congratula de ver que levantan opinión.
    Antonio, los marginales, los disruptivos... son seres antiacadémicos por definición. Fierecillas que han sido enjauladas en un sistema educativo que los robotiza (6 horas diarias de pupitre y lápis u ordenador)y contra el cual enseñan las garras.

    A los que planeáis la lectura, deseo que os satisfaga como a mí.

    Leonor, yo he conocido bastantes "Tachos". No es difícil encontrarlos, te lo aseguro. Aunque quienes los descubrimos casi siempre somos los de lengua. ¿Por qué será?

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  7. Lu, mañana sin falta me ligo el libro. Deliciosa historia que, aunque difícil de creer, los que trabajamos con alumnos conflictivos, hemos comprobado que puede ser real. Sé que se hace raro que al Duque le guste Bécquer..., pero yo he visto llorar a moco tendido a una alumna de etnia gitana -¡ay, lo políticamente correcto!- muy problemática y agresiva viendo al grandullón de La milla verde. Leonor, debajo de los adoquines... Gracias, Lu; gracias Juan.

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  8. Anónimo11:13 p. m.

    Tacho debía de ser un "Pennac" por descubrir. Suposición, claro.

    Sergio

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  9. Preciosa historia, voy a comprar el libro inmediatamente. Felicidades por el apunte.

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  10. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  11. Estuve en el acto de presentación del libro en la librería Alibri. Las presentaciones y la intervención de Juan Sánchez Enciso estuvieron aderezadas con humanismo y sentido del humor. He pensado en utilizar estos cuentos, algunos de ellos, como material reflexivo en clases de lengua. Admira la carrera de Juan Sánchez Enciso desde aquellos libros de Taller de teatro, de poesía, de novela y, sobre todo, el antológico Enseñar literatura de los años ochenta. Su trayectoria es estimulante.

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  12. ¡Qué lástima, Joselu, no haber podido asistir a la presentación!
    De haber ido, el azar nos hubiera hecho coincidir.
    Yo conocí a Juan en la presentación de su libro (Con)viure en la paraula y me despertó un sentimiento de admiración por su visión de la literatura y por su particular enfoque en la enseñanza.
    Ahora le sigo los pasos, pues siento que sus planteamientos no difieren de los míos, aunque él lleve por delante muchos más años de experiencia.
    La sonrisa de Platón contiene relatos que pueden llevarse al aula. Yo leí la historia de Tacho a mis alumnos de segundo de ESO y, aunque tuve que aclarar algunos conceptos que no entendían, la historia nos llevó a reflexionar sobre muchas cuestiones, pero principalmente sobre el juego de identidades. Abrimos un debate muy curioso sobre lo que somos y lo que en realidad creemos que somos.

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  13. Ya que al chico le gusta la poesía le disculparemos las palizas a "los pijos", la depresión de "la de sociales", los robos a los curas.
    Y como está en la cárcel por degollar a la parienta, que le ponía los cuernos, le enviaremos por mediación de su amigo Antonio "el de lite" la obra completa de Luis Cernuda.

    ¡Que el chico es un poeta incomprendido!

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  14. Serenus, no se le disculpa, ni perdona nada a este personaje. Tacho es quien es y en el relato queda dicho.

    Entiendo que hagas esta lectura más crítica que la que algunos hemos expresado.
    Pero Tacho es un personaje que necesita salvarse, él mismo lo escribe ("No sabéis de mi lucha por salvarme") y la poesía puede ser una vía.

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  15. La poesía no puede ser su salvación ni la de nadie. Quien se salva con la poesía –u otra actividad- ya estaba salvado de antemano. Aunque sólo ilusoria y temporalmente. Su admirado Antonio “el de lite” en realidad es alcohólico, defrauda a hacienda, vota a partidos conservadores, es contrario a los derechos de los inmigrantes, --y no, no voy a sugerir que su soneto es un copy and paste en internet, es un poeta correcto, no exento de gracia e inspiración, pero su soneto no le librará de la cirrosis, y de acabar muerto en un charco cualquier día del invierno.

    Saludos y feliz domingo.
    Aunque ya se acabe, no pareces de las que temen los lunes)

    PD. me he quedado intrigado con el disfraz del alumno-conejillo, tengo ciertas dudas respecto a lo que dejaba al descubierto. Mi pueblo es de interior y esas costumbres llegan más tarde.

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  16. Disculpad mi entrada tan tardía. Admiro el blog de Lu, pero estoy casi irremisiblemente perdido para los planetas virtuales. Sigo teniéndoles respeto y soy consciente de todo lo que me pierdo. Gracias por vuestros comentarios,también por los más ácidos, que expresan interpretaciones posibles y perfectamente legítimas. La historia tiene una base real, sólo una base. Hubo en mi vida profesional un alumno poeta que además era un delincuente. Creo que Lu tiene razón: no salvo ni condeno, presento. Pero creo que los Tachos tienen alguna cosa que podría haber sido una oportunidad para -perdonadme lo rotundo de la expresión- "salvarse" La institución escolar da pocas oportunidades a este tipo de personas, sin embargo en el Badalona 9, con un profesorado entregado y coherente en sus planteamientos educativos, recuperamos a más de un "Tacho". Un fuerte abrazo a todos y a todas.

    Juan Sánchez-Enciso

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  17. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  18. La mayoría de Tachos o Jonatans que tenemos en muchos centros de secundaria han tenido la oportunidad de "salvar" alguna parte de su dignidad con profes como los Juanes.
    Yo compartí el alumno real en el que se basa la historia y os aseguro que escribía poemas para su profe y, paralelamente, nos machacaba a muchos.
    No sé si la poesía lo salvó o no, lo que sí sé es que gracias a algunos recitales poéticos con alumnos como los Tachos y los Jonatans que Juan organizaba en el instituto muchos profes descubrimos la parte humana y mejor de muchos de los alumnos que teníamos etiquetados como "de sala de guardia".
    Gracias, Lu, por darnos la oportunidad de hablar de todo esto.

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