23 de septiembre de 2008

Generación barracón

El primer día de clase, les comentaba a mis alumnos de 2º de bachillerato que éste sería su último año en el instituto y les invitaba a hacer una retrospectiva. Entonces, se desató una historia, a todas luces, tristísima en la que el recuerdo de la infancia y adolescencia en los centros educativos de los alumnos de la escuela pública es inseparable de los dichosos barracones; la de los procedentes de la concertada, no.
Subsanar las deficiencias en infraestructuras con barracones "provisionales" es una política que se está llevando a cabo en mi localidad (¡y en tantas!) desde que los alumnos que ahora cursan 2º de bachillerato iniciaran P-3. Os expongo un caso:

X inició la etapa preescolar en unos barracones provisionales ubicados en unos terrenos destinados a la Biblioteca Comarcal, que se construiría años más tarde. Allí concoció la escuela, un patio de tierra sin protección contra la solana inclemente de la primavera y el aire cortante del invierno, cuyas rejas dejaban entrever a los adultos en las entradas y salidas.
Los barracones se derribaron y X pasó a estudiar unos años en la escuela pública más antigua y mejor situada de la localidad (
enfrente de la playa), un edificio que amenazaba ruina y que pronto hubo que reformar. Cuando esto sucedió, X tuvo que acudir a otra ciudad "barraconil" montada ex profeso en una barriada alejada.
X creció y le llegó la hora de pisar el instituto. Acudió a un IES también muy alejado y con una vistas envidiables, situado en una loma rodeada de bosque. La avalancha de nacimientos que se produjo en los 90, hizo que se instalaran barracones para ubicar a las nuevas generaciones. A X no le extrañó nada que su nuevo centro tuviera esos receptáculos.

Los espacios forman parte de nuestro paisaje interior. Eso deberían saberlo los responsables de Educación. Aunque pensándolo bien, ¿no serán los barracones un adelanto de las viviendas de 30 metros cuadrados?
Sea como sea, la generación barracón ha aprendido a desenvolverse y convivir en espacios reducidos y malsanos (con goteras y humedades y escasa ventilación). Esa lección, que sí han aprendido, no estaba en el currículum, señores.

PS: X es mi hijo mayor y sus compañeros de promoción.

21 comentarios:

  1. Antiguamente ir a la privada era un acto de fe, uno lo razonaba diciendo "es que yo quiero que mi hijo reciba una educación católica". Ahora, sin embargo, es todo lo contrario: "¿No me digas que llevas a tu hijo a la pública?" y tú te justificas "es que yo creo en la enseñanza pública" a lo que te suelen contestar "pero con un hijo no se juega, ni se experimenta". En fin, cómo hemos cambiado.

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  2. Muy buen comentario el de "El Maquinista".

    En lo que se refiere a los barracones yo estudié 3ª de BUP i COU en barracones.

    11 años después siguen ahí.

    ¿Provisional?

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  3. No hace falta que te diga cuánto te entiendo... Aquí también se licenció el año pasado una promoción que SÓLO conoció barracones, desde el colegio hasta este cuartel eternamente provisional. Cuando llegan a la universidad, y ven un café-bar lleno de estudiantes, deben sentirse un poco marcianos; por no hablar de un salón de actos, un gimnasio, un vestuario, etc.

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  4. Podría adjuntar foto similar, aquí en Utebo. En mi pueblo dicen con retranca: "Sí, sí, provisional pa siempre". En fin...

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  5. Anónimo6:13 p. m.

    Yo también estudié COU en barracones. Afortunadamente, dos años después llegó para los nuevos alumnos un nuevo edificio, pero tardó. ¿Se han paradoa pensar cuánto le cuesta a la administración alquilar esos barracones? No sé si es cierto, pero me han dicho que muuuucho dinero, tanto, que a veces presionan a las empresas constructoras y a los pobres albañiles para que se den prisa en las nuevas instalaciones. Aun así me pregunto, ¿por qué tardarán tanto en abandonar los famosos barracones?

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  6. Existe una doble contradicción socialmente aceptada acerca de la decisión de matricular a los niños en las escuelas concertadas religiosas.
    Se da la circunstancia de que éstas actúan como lo haría un directivo de empresa ansioso por ampliar su capital. Que las familias profesen la fe, ¿qué importa? En muchos casos, ni se les pregunta.

    Por otro lado, muchos padres inscriben a sus hijos en las escuelas concertadas religiosas y no son católico-practicantes. Es más, algunos reniegan de cualquier filiación religiosa.

    El trato recibido por la educación pública de parte del Estado (y los gobiernos autónomos) es culpable de generar situaciones semejantes.

    Hasta hace unos años soñaba en el fin de los conciertos, pero está claro que pienso a contracorriente. Las políticas educativas -por lo menos en Cataluña- favorecen, promueven e incentivan los conciertos económicos con las escuelas privadas.
    Un sueño menos, una quimera desvanecida.

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  8. Cuando por fin se deciden a hacer un colegio nuevo utilizan como base las necesidades detectadas cuatro años antes, como tardan otros cuatro en hacerlo,siempre nace pequeño.
    La opinión de los profesores nunca cuenta, ni al construirlo ni a la hora de recepcionar la obra.
    A veces he añorado la escuela sencilla pero decente de las películas de vaqueros en las que entraba el sol por las ventanas y se encontraban despejadas de objetos inútiles. ¿Dónde tendrían el almacén?

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  9. Lo que dice el maquinista es cierto, casi te has de justificar por preferir la pública, eres un idealista sin remedio si la defiendes. Si hablas de valores o conceptos te responden que en la privada tendrán más nivel o que tendrán mejores compañías. Y eso gente de supuesta izquierda...

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  10. En alguna ocasión hemos hablado de las aulas 2.0, pero nos olvidamos de los barracones 2.0: ordenador, ventilación, luz solar, colores pasteles, profesores 2.0 y alumnos 2.0, pero en barracón. Como en la tele: Barracón, Barracón... ¿Os acordáis de aquel viejo chiste en que varios ministros acuerdan inversiones millonarias para instituciones penitenciarias pero no para escuelas? Pues eso, mejor con humor :), de lo contrario llorar y llorar...

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  11. Por principio, creo en la escuela laica y en la pública "que funciona".

    Pero te voy a contar un cuento:

    Había una vez...unos padres que tenían una hija de 3 años. Un día ,llamaron por teléfono a la directora de una escuela pública situada en un lugar privilegiado,delante del mar,pero era vieja y necesitaba reformas urgentes.Ya en aquel entonces,se hablaba de trasladar a los alumnos a unos barracones provisionales mientras duraran las reformas, pero ellos que creian en una educación laica y pública insistieron en ello.
    Se concertó pues una cita por teléfono. Y llegado el momento , los padres no pasaron de la puerta enreja de entrada a la escuela.
    Pidiendo por la señora directora,el bedel puso mala cara,pero subió las escaleras y se dirigió a la oficina de la persona en cuestión, la señora X. La encontró, naturalmente que la encontró, pero siguió fielmente las indicaciones que esta le dió: "diles que tengo trabajo".Así que él bajó las escaleras y sin inmutarse ni un ápice les dijo a los padres:"la señora directora me ha dicho que les diga que ahora tiene trabajo".Los padres quedaron perplejos , estupefactos ante tanta desfachatez , prepotencia y mala educación.
    Así que optaron por hacer lo mismo pero esta vez en una escuela concertada religiosa,(laica no había en el pueblo).Recibieron a esos padres el dia D a la hora H.Les mostraron las aulas y las instalaciones.Era espartana en todos los sentidos,todo muy sencillo pero decente.No buscaron más.La decisión estaba tomada.

    Gracias al menosprecio de la directora X de la escuela laica y pública y a su mala educación, esa nueva alumna se salvó de hacer la primaria en barracones.

    Moraleja: "no hay mal que por bien no venga."

    Peor es el Opus. :-)

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  12. "enrejaDA", que todavía no soy andaluza.:-)

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  13. Anónimo12:00 p. m.

    Me gusta mucho tu frase: "Los espacios forman parte de nuestro paisaje interior". Es tan importante el lugar en el que habitamos, aprendemos, disfrutamos, que marca enormemente nuestra capacidad de percepción del mundo. Besicos desde el canal. Ana

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  14. Lu, fantástica reflexión. Como somos paisanos, sé muy bien a qué te refieres. Esos desoladores barracones adoptados, en un principio, como una solución a corto plazo, acaban por prolongarse demasiado en el tiempo. Recuerdo perfectamente un post en el que apelabas a la necesidad de espacios confortables tan imprescindibles para el ambiente de estudio, cuando “nuestro” instituto seguía (como en la actualidad) en obras.
    En la primaria estudié en un centro concertado y católico por aquello de la “buena educación”, la disciplina… ¿Disciplina?, mucha, pero desde el clasismo más repugnante y a base de imposiciones y de sembrar el miedo entre los alumnos. Las instalaciones del centro eran confortabilísimas, y además teníamos de todo. Cuando llegué a “nuestro” instituto me costó acomodarme a ese cierto abandono de las aulas y del mobiliario. Recuerdo incluso cómo en invierno hacíamos clase con la chaqueta puesta. Pero a pesar de todos esos inconvenientes, hasta llegar a ese “nuestro” instituto no había conocido la calidad de una educación humana a todos los niveles y que sólo era posible gracias a vosotros. El espacio no era quizá el más envidiable, pero sí lo era, en cambio, la educación y formación que recibí ,sin la que no hubiera podido ser ni mitad de libre de lo que soy ahora.

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  15. David, no sabes lo que agradezco tus palabras. Me ha emocionado saber que si algo quedó de tu paso por el instituto fue que aprendiste a ser libre. Ante eso, no importa que pasáramos frío e incomodidades. Después de más de 20 años esperando las reformas, por fin se iniciaron. Ahora el instituto sigue en obras (por tercer año consecutivo). El suplicio es largo, pero tiene fecha de caducidad. Si todos los pronósticos se cumplen, dentro de un año estrenaremos las nuevas instalaciones al completo y no estaremos padeciendo esta esquizofrenia espacial que supone dar clases en tres edificios y no tener un departamento-base.
    Todo esto se pasa, lo sé. Queda lo que nos llevamos dentro y hoy yo me guardo con mucho celo tus palabras. Son el mejor regalo.

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  16. La verdad es que los barracones de nuestro instituto, el IES Serrallarga, son bastante lemantables y ahora, con las obras de por medio aún me parecen más asquerosos, si se me permite decirlo. Qué te voy a contar que no sepas...

    Hoy, en clase de catalán, hemos tenido que escuchar las explicaciones de Assumpció con el ruído de un martillo de fondo y con un obrero colocando unas maderas al otro lado de la ventana (supongo que para tratar de proteger los cristales). Imaginate...

    Bueno, en fin...

    Nos vemos!

    PD: En Fenals (barrio de Lloret de Mar) han llegado los barracones, a la espera de la construcción del nuevo instituto.

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  17. Pues sí, parecen que pasan los años y el centro que la máquina del futuro de Antonio Solano vio en su viaje por el tiempo no acaba de llegar.
    Hace poco gente de unos 30 años recordando su etapa escolar rememoraban las guerras de polvo de tiza y me preguntaban ¿porque ya no habrá tiza en los colegios, no? Creían que la tiza era ya como el papel higiénico de El Elefante, cosas de los 70.

    Hay gente que se piensa que los centros escolares son como los de las series americanas, con bailes de fin de curso incluidos.

    No hablemos ya del tamaño de las sillas y las mesas, cuyas medidas deben estar tomadas en la postguerra, para adolescentes que no pasen del metro y medio.

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  18. El desarrollismo de los años sesenta creó numerosos centros de enseñanza construidos siguiendo el mismo modelo, al menos aquí en Cornellà. Todos son iguales. No había jardines, ni salas de actos o teatros, faltaban elementos indispensables y allí se apelotonaban los alumnos en clases de cuarenta pasando frío. Como no hay más espacio ni se construyen nuevos equipamientos con abundante espacio, ante la llegada de nuevas oleadas de alumnos de todo el mundo, se acude urgentemente a la solución de los barracones. ¡Qué diferencia con los institutos construidos en los años treinta durante la república que eran amplios y con todo tipo de espacios educativos incluidos los jardines! En mi centro acaban de construirse dos barracones "provisionales". Lo que más echo a faltar en los institutos del desarrollismo es la falta de un teatro.

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  19. Anónimo8:21 p. m.

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  20. Anónimo9:05 a. m.

    Viva la educacion publica !

    La Jessi

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  21. Yo tengo 20 años y he tenido la suerte de no estudiar en un barracón. He estado en dos institutos y en el primero de ellos los que estudiaban fp al no tener clases, estaban en barracones y cuando iba llegando el verano se quejaban del calor que hacía (soy de málaga, y en el sur ya se sabe.)

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