5 de agosto de 2007

Flash de verano (VI): Leer en la playa


Procedencia de la imagen

El miércoles día 8 finaliza la campaña Lee en la playa que La Federación de Gremios de Editores promueve. El verano pasado tuve noticia de esta iniciativa, pues una de las playas elegidas fue la de Lloret de Mar, localidad vecina a la mía. Entonces, leí el lema y me alegré de que se tomaran inciativas sobre el fomento de la lectura; no obstante, en cuanto vi en qué constaba, retiré mi aprobación, pues no veo cómo se puede promover la lectura si lo que cuenta es tener un libro en la mano para recibir un regalo. Este verano el lote incluye marcapáginas imantadas, juegos de minicartas, discos de nylon y reposacabezas con parasol.

En cambio, sí apruebo otras iniciativas como las Biblioplayas o las bibliotecas ambulantes: bibliomercados, bibliopiscinas, bibliojardines, bibliometros...

Verano -y más concretamente, agosto- es tiempo para la lectura. Yo ando enfrascada en la lectura de varios libros. Leo en la cocina, en la plaza del pueblo, en la terraza... y en la playa.

Aunque esto último es bastante difícil. Y si no me creéis, leed este texto de Philippe Delerm, incluido en El primer trago de cerveza y otros placeres de la vida”:

No es tan fácil leer en la playa. Tumbado boca arriba, es casi imposible. El sol deslumbra, hay que sostener el libro muy alto encima de la cara. Se aguanta unos minutos y luego uno se vuelve. De lado, apoyado en un codo, con la mano pegada a la sien, sosteniendo el libro con la otra mano y pasando las páginas, resulta también bastante incómodo. Se termina boca abajo, con los brazos doblados hacia delante. A ras de suelo, corre siempre un poco de viento. Los cristalillos micáceos se cuelan en las tapas. En el papel grisáceo y liviano de los libros de bolsillo, los granos de arena se amontonan, pierden su brillo, acaba uno olvidándolos –suponen apenas un peso adicional que apartamos con la mano como si tal cosa al cabo de unas páginas. Pero en el papel pesado, granuloso y blanco de las ediciones originales, se cuela la arena. Se desparrama por las asperezas cremosas, y brilla aquí y allá. Es una puntuación suplementaria, otro espacio abierto. […] Al cabo de leer durante tanto tiempo con los brazos estirados hacia delante, la barbilla se hunde, la boca bebe la playa, y entonces se incorpora uno con los brazos cruzados contra el pecho, utilizando a intervalos una sola mano para volver las páginas y marcarlas. Es una postura adolescente, ¿por qué? Transporta la lectura hacia una amplitud un tanto melancólica. Todas esas sucesivas posturas, ensayos, fatigas, irregulares placeres, eso es la lectura en la playa. Tiene uno la sensación de leer con el cuerpo.


Direcciones de interés:

Plan de fomento de la lectura
Servicio de Orientación de lectura infantil y juvenil (SOL)
Fundación Germán Sánchez Ruipérez
Fundación Alonso Quijano

9 comentarios:

  1. Pues si es difícil leer libros en la playa (todavía me acuerdo de lo que le ocurrió a la segunda parte de El corazón de piedra verde, de Salvador de Madariaga, al que tuve que rescatar, ya flotante, de un embate sorpresivo de la marea, en la isla de Ons), no digamos nada de leer un periódico, que es uno de mis vicios playeros predilectos: la brisa marina dobla las páginas y las desparrama, la humedad convierte el papel en una materia inmanejable, la arena lo abrasiona y lo rasga. Y si por casualidad uno se deja el periódico sobre la toalla y se va al agua o a pasear, puede encontrarlo a la vuelta descuartizado, convertido en hojas volanderas arrojadas a la cara de los turistas o, lo que es peor, de sus niños.

    En fin, que es muy dura la vida del lector playero.

    Que disfrutes de las vacaciones, Lu, tú que puedes.

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  2. En El Albir si hay un puesto de prensa, pequeño, pero bajo una buena sombra, allí leo el períodico. Lo malo es que a partir de las 11, sin remisión, empieza la brisa que va aumentando y nos volamos todos. A leer al porche de mi casa!
    Acertado texto.

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  3. Hace poco que sigo tu blog, interesado en TICs y otras cosas diversas, después de haber realizado este verano un curso introductorio para utilizar QUIA... he leído el fragmento de lectura y me he sentido tan identificado... te seguiré leyendo, desde el desconocimiento de un campo en el que, poco a poco, iré entrando...
    Un saludo
    Joel

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  4. Creo que entre todos podríamos escribir un texto con los inconvenientes de leer en la playa. Sería hasta divertido escuchar las anécotas o experiencias como la que cuenta Eduardo.

    Yoffy, me alegra saber que andas de nuevo por la blogosfera.
    Por cierto, me ha picado la curiosidad saber dónde estaba El Albir. Ahora ya te sitúo.

    Y a ti Joel, saludos. bienvenido al blog.

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  5. Tampoco yo aconsejaría leer en la playa; sobre todo, porque -al menos a este lado del Mediterráneo- el reflejo de la luz del sol sobre el papel blanco es cegador!!!

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  6. Anónimo7:18 p. m.

    Hola, felicitaciones por tu blog, es muy interesante. He entrado a visitarlo a través de profes.net.
    Mi nombre es Flor y este es mi blog sobre educación http://florenciamoragas.spaces.live.com
    saludos y ya me pasaré por aquí

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  7. Invito profesores y bibliotecarios a visitar la zona de juegos de Librototal.net en la que encontarán: Librototal en ruta, un juego de rol pensado para animar a los niños a amar la lectura. A través del juego los muchachos descubrirán que leer es una actividad divertida y muy emocionante.

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  8. Gracias por la invitación.

    Y bienvenida a este blog.

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  9. será pasion mia que la traigo de Isreal, mi tierra, la costa del sol que tambiém es mar mediteraneo.
    Me encanta leer en la playa y esuchar a la vez, lo que me dice el mar, que mas, sabio de todo los libros.
    Leer en la playa es un regalo que no todo el mundo puede disfrutar y tienes su magia, es que estas presente en cuerpo y alma y conectas con el sonido del mar ¿que mas podemos pedir?

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