En mi centro, acabamos de pasar una auditoría de prueba, la verdadera llegará en noviembre. Ha sido un ensayo general para saber en qué debemos mejorar. No van conmigo estos paripés, sinceramente. A mi departamento, se nos ha evaluado, principalmente, según estos indicadores: actualización de las programaciones y seguimiento de las mismas, gestión de las actas y consenso en los criterios de evaluación. Hemos salido airosos, pero la verdadera evaluación la tengo mañana.
Hace tiempo, asistí a un curso en el que un compañero nos presentó una encuesta que pasaba a sus alumnos para que evaluaran la marcha del curso, y también su quehacer docente. Seguí sus pasos, la adapté, y desde entonces, por estas fechas, mis alumnos responden una encuesta que me da la medida de cuál es su opinión sobre aspectos como los contenidos de la asignatura, la metodología, el trato... Dejo a su voluntad el firmarla o no. Únicamente les pido sinceridad y les explico que la finalidad de la misma no es otra que la de mejorar los ítems cuya valoración salga negativa.
Sé que después de responderla se abrirá un debate, como en anteriores ocasiones. Pues eso, que mañana toca examen (de conciencia).
