1 de septiembre de 2006

¡Bullshit!



Ordenando el caos de mis papeles, he dado con un texto de Elvira Lindo que pienso utilizar el próximo curso. Se trata de un artículo titulado ¡Bingo! en el que la autora reflexiona sobre las jergas profesionales con cierto sentido del humor, como pretexto para hablar de un juego que en América ha tenido cierto calado. El juego se llama "Bullshit" una palabra que la autora traduce literalmente como "mierda de toro" y que en la Red tiene ya su presencia (aquí una demo, aquí un invento).
Como el artículo de El País es de pago, aquí transcribo la continuación al fragmento que el periódico ofrece gratuitamente:

Todas las profesiones, incluida la mía, tienen un fondo de armario de palabrillas especializadas, que normalmente no quieren decir nada, que se podrían sustituir por palabras corrientes, pero que se utilizan para demostrar que se tiene una solvencia profesional. Target, gap, briefing, tormenta de ideas, sinergia, mestizaje, diversidad, posicionarse, son términos sin los cuales un publicitario, un directivo de televisión o un político no sabría dar un paso. Pero al fin tenemos un pequeño consuelo los del cuartel de los tontos, aquellos que decimos share cuando ya lo han dicho hasta los parvulitos. Ese consuelo se llama Bullshit (mierda de toro). Bullshit es el término que mejor define en inglés toda esa palabrería seudoespecializada que hincha un discurso. Ha habido un genio que, aburrido de escuchar siempre las mismas tonterías en sus reuniones de empresa, se ha inventado un juego, el Bullshit Bingo, que tiene ya cientos de páginas en Internet y al que puede jugar usted mañana mismo. Es simple. Tiene que hacerse una lista con todas las palabras que a buen seguro surgirán en la próxima reunión de su empresa, las sitúa en una cuadrícula, y va tachando según van surgiendo; cuando tache la última, tiene que gritar: "¡Bingo!". Por supuesto, es mucho más entretenido jugar con alguien. Dicen muchos jugadores que en las reuniones donde la gente juega al Bullshit todo el mundo está mucho más atento a lo que se dice. Y no sólo en el trabajo, también se puede jugar escuchando el telediario o en la reunión de padres del colegio (ése es un sitio perfecto). Hay testimonios de gente que dice que es mejor que el Lexatín o las vaquitas antistress.

¿Jugamos...? Yo sí pienso hacerlo con mis alumnos de 4º de ESO. Por lo pronto les voy a pedir que escriban aquellas palabras, palabrejas o palabros que oirán el primer día de mi vuelta al aula. A ver quién es el primero que canta bingo...

2 comentarios:

  1. De vez en cuando resulta una práctica muy sana, Alejandro. Además esta vez tengo la coartada del artículo de Elvira Lindo.

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