25 de abril de 2006

Notas sobre el pseudónimo

Ando preparando un recurso para mis alumnos y he fracasado buscando algún texto sobre el psedónimo, así que me he decidido a redactar uno.

La historia de la literatura universal de todos los tiempos ofrece ejemplos de autores que han mostrado su predilección por los pseudónimos.

Hay escritores que deciden utilizar el pseudónimo en sus colaboraciones periodísticas. Mariano José de Larra se escondía bajo diversos nombres como Fígaro, Ramón Arriala o el cómico Andrés Niporesas. Leopoldo Alas firmaba sus artículos en El Globo, La Ilustración o El imperial con el nombre de Clarín. Estos dos son casos de pseudónimos periodísticos y en los dos casos el nombre real y el ficticio son igualmente conocidos. No pasa lo mismo con escritores como Stendhal, pseudónimo de Henry Bayle, escritor francés de quien pocos conocen el nombre original. En este caso, como en el de Céline, escritor francés cuyo nombre es Louis-Ferdinand Destouches, el psedónimo adquiere tal protagonismo que suplanta el nombre auténtico.

Hay autores que a la hora de reinventarse un nombre, eligen un cambio de género. Cuando Anton Chéjov empezó a escribir cuentos, anécdotas y sketches se hacía llamarAntona Chejonte.

La baronesa Karen Blixen, escritora danesa autora de Lejos de África, más conocida por el pseudónimo de Isak Dinesen, también publicó con el nombre masculino de Pierre Andrézel .Y Caterina Albert, por poner un ejemplo catalán, firmaba sus obras con el nombre de Víctor Català. Curiosamente cuando se habla de la escritora se pone el artículo femenino delante del nombre masculino para remarcar su condición de mujer. También hay lo que podríamos llamar pseudopeudónimos, por ejemplo, Ramón Moix, es el nombre real del escritorTerenci Moix.

La literatura es un terreno muy fértil para los pseudónimos, pero también lo ha sido la política. Muchos políticos tuvieron que recurrir a un nombre falso para evitar ser identificados por el régimen franquista. También muchos autores han echado mano de este recurso para evitar la censura. Jorge Semprún, por ejemplo, se hacía llamar Federico Sánchez.

Y no sólo hay ejemplos en la literatura y en la política, sino también en la música , la pintura, el humor gráfico... y en la blogosfera, claro.

5 comentarios:

  1. El campeón de los heterónimos debe de ser Pessoa. Te lo dice, desde su heterónimo,

    Julieta

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  2. Anónimo9:44 a. m.

    El ROTO, HERGÉ... y tantos genios de la viñeta.

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  3. Un disfraz, una máscara que muestra más verdades que el propio rostro, que el propio nombre. La impostura, el verdadero rostro.

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  4. Anónimo10:58 p. m.

    ¿es el nick una nueva modalidad de pseudónimo?

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  5. o como decía Dylan Tomas, "Oh, God, make me a mask"

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