16 de mayo de 2016

El olivo,

Este texto no es el que me hubiera gustado escribir después de asistir anoche al preestreno de la película El olivo en Barcelona. Porque lo que verdaderamente me gustaría es contar la película. Detenerme en los detalles del argumento, de esta historia que el tráiler apunta, pero que hay que ver de principio a fin. Ver y sentir. Me gustaría explicar las escenas en las que hay que poner los cinco sentidos, pero sobre todo el tacto, el olfato y el oído. Me gustaría encontrar las palabras para definir el canto de ese pájaro que vuela libre por el olivar, poner palabras a esa mirada fija y perdida en el tiempo, la del abuelo, y esa otra, vivaz y despierta, la de la nieta decidida a darlo todo por recuperar el habla del abuelo que ha enmudecido, como enmudece la naturaleza cuando le arrancan lo que le pertenece. Y seguir... seguir contando cómo ese mar de olivos se abre ante nuestros ojos, cómo en los flashbacks asoma de ternura de la infancia, cómo... Pero nada de esto puedo hacer más que invitaros a ver la película. Y a sentirla. 


Y acabo con mi agradecimiento a los que han hecho posible los preestrenos.

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